miércoles, 19 de abril de 2017

Suerte

Los inviernos se suceden cadenciosos
no hay sol que los ahuyente
sus huellas son cristales penetrantes
tanto como la soledad
a veces queremos gritar
a veces queremos soltar
mas su bruma nos envuelve
y ocurre que nuestra intemperie respira dentro
como el lamento de las Valkirias
y nos azota el alma
y nos pierde en esa tormenta
y nos resquebraja la médula del entendimiento
somos el mismo abismo sin cura  ni hogar
un paladar desolado
donde todo se queda suspendido
es la pesadilla en presente
la ecuación fallida
cuando el invierno nos llega...
                 todo flamea desvencijado
el tiempo no es el culpable
ni la lluvia ni el viento
ni el páramo tronador

quizá sea culpa del ruiseñor
quien erró en su suerte.

Elisa
doméstica


10 comentarios:

Carmen Troncoso dijo...

Muy lindo poema Lichita, un abrazo feliz!

TORO SALVAJE dijo...

Yo me alimento aquí.
Vengo.
Te leo.
Y me siento muy bien.
Gracias Elisa.
El invierno que has escrito es también mío ahora.

Muackkkkkkkkkk

Alfonso Saborido dijo...

Yo tengo aquí un verano incipiente si alguien lo quiere :) abrazosssss (con vientos de 90 kms/hora, vuelo literalmente)

Lichazul oo dijo...

gracias por sus huellas, hoy llueve con ganas acá
el gris del día es abisal

abrazos

Taty Cascada dijo...

Y cada invierno nos deja su huella, y en ese rastro nos vemos y tememos. Sí, un poco cada vez.

Un gran abrazo poeta.

Gizela dijo...

¡HERMOSO!
Y sí, cuando el invierno nos llega...
todo flamea desvencijado

Besotes POETA

Lichazul oo dijo...

gracias xicas por sus huellas, pasen un precioso domingo
abrazos de sol

Verónica Calvo dijo...

Quizá sea culpa del ruiseñor o quizá sea la vida misma que te lleva.
Me ha gustado mucho este poema, Elisa.

Besos.

Rafa Hernández dijo...

Como decimos por aquí, "estás que te sales".

Abrazos gorditos Elisa.

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Cuánto puede un sentimiento fallido, darle un color gris al tiempo. Un abrazo. Carlos