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TRADUCTOR

martes, 28 de junio de 2016

Ordenando los cajones

Extraño el mar  y el consuelo
la huellas apenas recuerdan resacas salinas
ellas solo reconocen  polvo y cemento
dentro el agobio distorsiona el espacio
no encuentro mi lugar
todo se alarga como una lágrima de cera
en el candil de la vida
los árboles carecen de familia
mi vecina augura tempestades
maldades donde el azufre  fructifica
prisiones y pies encadenados
pesados grilletes arrastran melodías
los días lucen catalizados en el espejo
reflejos y limbos acumulados
mi labio próximo al cristal sangra
...
podría hundirme en silencio
podría evaporarme en el toque delator
tronador disparo
cuando la mano acaricia el metal.

Lichazul
entre gritos y espasmos




14 comentarios:

TORO SALVAJE dijo...

Ese metal bien lejos.
Sigamos buscando nuestros lugares.
Quizás algún día los encontremos.

Besos.

Elisa Alcántar Cereceda dijo...

besos Toro

Ilduara dijo...

Que el azufre disuelva los grilletes de metal y se produzca el encuentro contigo misma.

Elisa Alcántar Cereceda dijo...

y pensar que el azufre es genial para la piel y otros órganos de cuerpo Ilduara, pero le tenemos asociado ( mal asociado) con lo negativo, es como las serpientes :D

Gizela dijo...

Ufff!!! Intenso y grave, este ordenar de cajones
Poemazo que genera agobio

Besosssssss POETA

Elisa Alcántar Cereceda dijo...

besitos Gizz
gracias :D

María Socorro Luis dijo...

Podrías... Pero ese silencio, nunca.

Excelente poema. Besos

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Excelentes versos, pasaré a menudo por acá...

Te saludo

Isaac

Elisa Alcántar Cereceda dijo...

el silencio es un asesino muy sutil Soco
besitos

Elisa Alcántar Cereceda dijo...

otro saludo para vos
gracias :D

SÓLO EL AMOR ES REAL dijo...

Hay un nuevo post que acabo de subir mientras tu me escribías y me encantaría que lo vieras...

Paz y Belleza

Isaac

Elisa Alcántar Cereceda dijo...

ya lo vi y lo comenté
salutos

Carlos Augusto Pereyra Martínez dijo...

Cuánto desemparo. Cuántos nos niega, y nos acerca más al arma que nos hace diana de nuestras propias manos. Un abrazo. Carlos

Elisa Alcántar Cereceda dijo...

otro abrazo Carlos
hay armas que nos sueltan aunque las cacemos